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“La vida es breve, y la ocasión, fugitiva”, por J.B.M., publicista

Montar una franquicia

Ya estamos de nuevo a las puertas –me refiero a las vacaciones estivales, claro– y podemos comprobar con alivio que podemos irnos a disfrutar de nuestro merecido descanso sin que la presencia de la franquicia en los medios de comunicación haya tenido los tintes dramáticos de pasadas crisis, cuando los titulares sobre Opening English o Wall Street, hace unos años; la crisis de Burger King, que dió como resultado la destitución del siempre controvertido Sergio Rivas, más tarde; y por último el cierre masivo de agencias inmobiliarias y de asesoramiento financiero –ahí están el Expediente de Regulación de Empleo de Don Piso y la salida de España de Coldwell Banker–, que al igual que las setas otoñales han desaparecido tan rápido como surgieron, vertieron tantas sombras sobre esta exitosa fórmula de colaboración empresarial que ha tenido que transcurrir el tiempo –ese juez inapelable, que da y quita razones– para que las aguas volviesen a su cauce. Aunque como siempre no ha faltado alguna que otra noticia mala –no confundir con mala noticia– que adolecía, como siempre, de falta de contraste de fuentes, lo que afecta negativamente a la parte más frágil: la marca.

Al hilo de ésta, y otras reflexiones, llevo años escribiendo sobre lo que una cadena de franquicias debe hacer –y también sobre aquello otro que ha de evitar–, no sólo para conseguir no terminar pleiteando ante los tribunales con algún franquiciado díscolo, sino para que todo vaya sobre ruedas, y ambos, red y central, obtengan los prometidos beneficios del sistema. No me creo más listo que nadie: me limito a aprender de todos aquellos buenos profesionales de la franquicia con los que tengo ocasión de charlar y de todas aquellas enseñas serias, y que merecen la pena, que permiten aprender de su saber hacer.

Y así podemos decir que, unos y otras señalan, primero, que su relación con una red de franquiciados no tiene nada que ver con la que una empresa pueda mantener con los empleados de sus sucursales o concesionarios; segundo, reconocen haber tenido tropezones, antes de llegar a contar con cadenas de franquiciados satisfechas con su negocio y comprometidas con la marca; y tercero, están donde están, y gozan de un éxito indiscutible, precisamente por haber sabido arrostrar ambos puntos críticos con sabiduría, paciencia y tacto. Hipócrates advertía a quienes iban a convertirse en galenos que “el arte es largo; la vida, breve; la ocasión, fugitiva; la experiencia, incierta; y el juicio, difícil”. Quizá nos convendría a todos reflexionar sobre el ejemplo que ofrecen estas enseñas –las serias, las que todos conocemos…– y sus miles de franquiciados antes de “demonizar” el sistema, como les gusta hacer a algunos, o de creer que está todo inventado y que nuestra forma de ver y hacer las cosas es la correcta y la única posible, como, por egoísmo, nos sucede a todos los profesionales.

Una amplitud de miras que no debe de llevar a nadie a error. La franquicia debe cimentar la diferenciación: el que busca una enseña desea ser guiado por una empresa para, siguiendo un método, conseguir unos resultados. Cualquier promesa sobre el primero o los segundos, no cumplida posteriormente, generará insatisfacción. Y ésta, ya lo sabemos, es imprevisible.

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One response to ““La vida es breve, y la ocasión, fugitiva”, por J.B.M., publicista

  1. Que verdad es esa de que la relacion de una central con su red de franquiciadas se parece muy poco a la de una empresa con sucursales: no somos simples empleadas, sino empresarias que han arriesgado su dinero para montar una tienda de moda. Seguir los dictados de la firma, sí, pero obedecer ciegamente todo, tampoco.

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